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jueves, 20 de julio de 2023

Hace 79 años hablaba Juan Domingo Perón a los compañeros de la UTA.

 



PALABRAS DURANTE EL ACTO ORGANIZADO POR LA UNION TRANVIARIOS PARA EXPRESAR SU ADHESION A LA POLITICA SOCIAL DEL GOBIERNO 

Juan Domingo Perón [20 de Julio de 1944]



Siguiendo mi costumbre, no he de hacer un discurso, sino una conversación con ustedes, porque entiendo que la verdad habla sin artificios. En primer lugar, tengo el placer de traerles el saludo afectuoso del excelentísimo señor Presidente de la Nación, que se encuentra convaleciente de una indisposición y que en razón del tiempo inclemente, no ha podido llegar hasta aquí, como era su ferviente deseo.

Celebro, en primer término, verlos a ustedes reunidos en un ambiente de admirables camaradería y entusiasmo, que son las únicas fuerzas que pueden hacer triunfar a los gremios en sus justas aspiraciones.

La Secretaría de Trabajo y Previsión trae por mi intermedio un cordial saludo para el gremio, con el afecto que ese organismo ha puesto en todos los hombres que trabajan, a los que considera como formando parte integrante de si mismo; pues a sus fines son los de defender a las clases trabajadoras, olvidadas durante largos años por quienes tuvieron la obligación de luchar por su bienestar. 

No han sido palabras vanas las que he pronunciado a este respecto desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, para todos los trabajadores de la patria. Hemos dicho que nuestra tarea es de armonía. Buscamos que el capital y el trabajo, regidos por el Estado, lleguen a armonizar sus problemas y a elaborar conjuntamente la grandeza de la República, mediante una cooperación jamás interrumpida, y siempre apoyada por las fuerzas sanas de la Nación.

Los decretos que hoy hemos traído para leer a ustedes, con la misma satisfacción con que ustedes lo escuchan, son una demostración de esa buena voluntad del gobierno, que tiene confianza en los trabajadores del país; y trabaja incansablemente para resolver sus problemas. Y Dios mediante, no hemos de dejar ningún problema por solucionar.

Aspiramos a que la Revolución del 4 de junio sea un movimiento del pueblo y para el pueblo. Varias veces he dicho que no se trata de una Revolución hecha por el Ejército, sino de un movimiento en que el Ejército se hace cargo de la causa de los hombres que trabajan y elaboran la grandeza del país.

Por eso aspiramos a entregar esa bandera a las clases trabajadoras, dando así a esta Revolución el contenido social indispensable, sin el cual pasaría a ser un acto intrascendente, sin importancia en la vida de la Nación.

Ya los timoratos que llegan hasta mí me han dicho sibilamente al oído: “Tenga cuidado; usted hace un juego peligroso con las masas obreras”. Yo les he contestado: “Tengo fe en los hombres que trabajan, porque no he sido jamás engañado ni defraudado por los humildes”. En cambio no puedo decir lo mismo de los poderosos.

-Yo sé perfectamente adonde voy. Buscamos la solución de los problemas para la Nación. Las épocas no son siempre de paz y de bonanza. Los conflictos obreros se resuelven de dos maneras: con la fuerza o con la justicia.

Han pasado los tiempos en que los conflictos podían resolverse con la fuerza. La posguerra puede traer problemas que solamente las imaginaciones mas privilegiadas pueden prever en toda su intensidad. Esos conflictos, que llegan muchas veces hasta la guerra civil, representan una destrucción tan extraordinaria de los valores, que no existe un solo habitante que no tenga algo que perder en ellos.

Para evitar esas conmociones es necesario analizar la situación del país en lo relativo a la justicia social, y buscar de suprimir las causas como única forma de evitar los efectos. Los alzamientos, ya sean desde la mas modesta huelga hasta la guerra civil, obedecen siempre a causas que lo provocan. En consecuencia, buscamos hacer desaparecer toda causa para segurar con una armonía, a base de justicia social, la imposibilidad de la alteración de nuestras buenas relaciones entre el trabajo, el capital y el Estado.

Se ha dicho también a menudo que nosotros propiciamos una u otras formas de agremiación y del sindicalismo. Hay quienes luchan porque un sindicalismo libre permita un tablero de ajedrez gremial y se me ha enrostrado que yo soy nazi o cualquier otra cosa, porque defiendo la unidad de cada gremio.

Estos calificativos ya han perdido su valor a fuerza de emplearlos mal o inadecuadamente. Sin embargo, yo he de decir y de repetir, una y mil veces: es necesario que cada gremio permanezca absolutamente unido e indivisible para el logro de sus justas aspiraciones.

Entiendo que esa fuerza reside exclusivamente en la unidad. Sé bien que los que quieren fraccionar un gremio, lo haben porque no pueden concertar los intereses gremiales con los intereses personales. Yo defiendo la absoluta unidad de cada gremio porque no tengo nada que ganar ni nada que perder.

En este sentido la Secretaría de Trabajo y Previsión no exige nada. Aconseja a cada gremio lo más prudente para su propio gobierno. Hemos declarado que la agremiación será libre, y hemos de mantener esa libertad; pero nos permitimos aconsejar a los trabajadores, porque esa es nuestra obligación, acerca de cómo serán más eficaces en la lucha por la defensa de sus propios intereses.

Finalmente, señores, al haber tenido esta hermosa oportunidad de pasar con ustedes momentos de satisfacción –y no acostumbro jamás decir lo que no siento- confío en que los trabajadores que han educado su personalidad en la mejor escuela del carácter, el trabajo y el sufrimiento, has de entendernos perfectamente. Por eso anhelo y estoy profundamente convencido que hemos de lograrlo; que esta Revolución del 4 de junio ha de ser proficuos resultados para la clase trabajadora argentina, porque los que la hemos hecho y la estamos desarrollando y llevando adelante, hemos crecido entre los hijos proletarios de la patria.

Hemos tratado e instruido la muchedumbre joven y trabajadora del país; sabemos sus problemas, conocemos su vida y sus esfuerzos. Por eso, a pesar de que durante muchos años el Ejército ha estado separado de la masa trabajadora, afirmo que ello no volverá a repetirse jamás en nuestra patria.

Hoy conocemos los problemas del país; y sabemos que su grandeza no está en cuatro o cinco familias, sino en el bienestar de todo el pueblo y el pueblo son ustedes, señores.

No deseo retirarme esta noche sin agradecer emocionado los presentes con que hemos sido agraciados. Al hacerlo declaro que en el desempeño de nuestras funciones cumplimos con un deber para con la Nación como gobernantes o funcionarios del Estado.

JUAN DOMINGO PERÓN

viernes, 20 de septiembre de 2019

Se cumple 49 años de esta carta de Perón al Doctor Matera




Carta al Dr. Raul Matera 20 de septiembre de 1970

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 20 de setiembre de 1970.

Al Dr. Raúl Matera. José Hernández 1642 Buenos Aires

Mi querido amigo:

He recibido su amable carta del 26 de agosto próximo pasado y le agradezco el envío de los recortes con publicaciones sobre sus declaraciones en Montevideo, y la declaración mía sobre el reportaje de la revista "Africada" como de los comentarios del diario cipayo "La Prensa". Muchas gracias.

Es indudable que la situación argentina se estrecha cada día en sí misma y que la dictadura militar, que comenzó en 1966, ha quemado ya todo su tiempo. El futuro inmediato no puede ser sino de incertidumbre y de lucha si, como parece, la contumacia de la reacción y de algunos militares pretende seguir con sus sofismas y simulaciones. Frente a tal evento, nosotros no tenemos más remedio que luchar, quizás así podamos un día convencerlos o vencerlos.

Yo no alcanzo a comprender la absoluta falta de concepción y de criterio de esta gente, empeñados en hacer durar una situa¬ción que, con buen entendimiento y grandeza, podría solucio¬narse en una semana de tiempo. Ellos deben convencerse que ya no hay tiempo ni campo para intentar nuevas trapizondas porque, aparte de que la situación no da para más, todos esta¬mos en claro de lo que queremos. Cualquier solución que no sea la que el Pueblo y sus fuerzas políticas, económicas y socia¬les anhelan, será totalmente aleatoria ya que, en el mejor de los casos, sólo podrá acarrear una lamentable pérdida de tiempo al avance de la República.

Los intentos de "neoperonismo" y "colaboracionismo", lanzados por la dictadura, no son de temer para nosotros, porque la tradición orgánica del Peronismo no se presta para tales excrecencias. En vez de andar perdiendo el tiempo en inútiles forcejeos de política menuda, cuánto más les valdría consultar con las fuerzas que enfrentan a la dictadura pero a "alto nivel" y como honestos caballeros, en vez de intentar entrar en las estructuras, como los ladrones, por la ventana. Es que hay gente que es decente porque así los viste el sastre, pero puestos a obrar, no dejan de "mostrar la hilacha". Es que aún no se han dado cuenta que la decencia, la honestidad y la moral, también cuenta en la política.

Le ruego que salude a los compañeros y acepte, junto con mi saludo más afectuoso, mis mejores deseos. Isabelita y López me encargan le transmita sus saludos.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan D. Perón.

lunes, 10 de junio de 2019

Se cumplen 50 años de esta carta del General Perón a Rogelio Frigerio





Carta a Rogelio Frigerio 10 de junio de 1969

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 10 de junio de 1969.

Al Sr. Rogelio Frigerio

Buenos Aires

Mi querido amigo:

He recibido su carta del 31 de mayo pasado que tengo el placer de contestar, agradeciéndole y retribuyendo su amable saludo y deseándole en primer término una pronta y definitiva mejoría de los males que lo aquejan, que con su excelente salud no pueden sino ser pasajeros. Estoy seguro y anhelo que con esta operación quede Usted, como nuevo y esperemos que en un día no lejano podamos jugar el partido de fútbol prometido. Entre tanto espero tener el placer de charlar sobre los interesan­tes temas que me habla en su carta, referidos a la situación de nuestra Patria.

De sobra le conozco y tengo pruebas fehacientes de su probada buena voluntad de manera que le agradezco muy es­pecialmente sus significativas palabras sobre el asunto de que le habló nuestro amigo el doctor Ventura Mayoral. Yo no tengo ninguna duda que la triste situación argentina actual ha de cambiar para bien, ya que como dice Usted, todo es producto prefabricado por la reacción y los monopolios que no toleran con claridad ni las soluciones reales para mantener la antino­mia entre desarrollo y paralización, soberanía y satelismc progresivo, independencia y subordinación, que yo sé bien lo que todo esto significa al final de cuentas: justicia social o privilegio.

Usted debe haber leído lo que acaba de pasar en Francia y las soluciones que el general De Gaulle está dando al pro­blema. Es que la evolución acelerada que está caracterizando al mundo de nuestros días tiene sus exigencias originales, a las que ya no pueden, escapar ni siquiera estos países con sus miles años de cultura y tradición. Hace ya veinticinco años Qu nosotros hablamos en la Argentina un idioma semejante: todos nuestros "slogans" están apareciendo también en estos países tan evolucionados por boca de hombres, como De Gaulle, que de todo se le puede tildar, menos de socialista. Pero él no ha tenido más remedio que declarar: "La Revolución soy yo".

Inglaterra, Alemania, Italia, etc., están abocados al mismo problema porque todas ellas han venido practicando un neo- capitalismo que ya no satisface las aspiraciones de las masas populares que saben lo que quieren y están decididas a lograrlo. Lo que Dios nos permita presenciar de futuro no hará sino confirmar lo que venimos sosteniendo hace tantos años contra la reacción ciega de los intereses y la incomprensión de mucha gente que ahora podrá comprobar lo equivocados que han estado.

Isabelita me encarga que le haga llegar sus más afectuosos saludos, extensivos a su señora e hijos, con sus mejores votos por una pronta mejoría para que tengamos el placer de tener­los de nuevo por esta su casa. Y muchas gracias por todo. Espero que pronto lo tengamos bueno y paseando, porque todo no ha de ser trabajo y preocupaciones. Una buena conva- lescencia incide o debe incidir más sobre el espíritu que sobre el cuerpo, según algunos médicos que se ufanan de saberlo. Mi abuelo, que era médico, decía siempre que cuando uno se siente bien, es lo más probable que esté bien. Saludos a los suyos, un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón